SANTO DOMINGO, REPÚBLICA DOMINICANA.— El articulista José Alberto Blanco llamó a valorar la soberanía, la historia y el respeto entre los pueblos al analizar las relaciones diplomáticas entre República Dominicana y Cuba. Sostuvo que la diplomacia no debe depender únicamente de coyunturas políticas o simpatías momentáneas, sino también de la memoria histórica que une a las naciones.
Blanco recordó varios conflictos internacionales que provocaron rupturas diplomáticas y planteó que, en el caso dominicano, cualquier decisión relacionada con Cuba debe considerar los vínculos históricos, culturales y políticos entre ambos pueblos. También defendió el derecho del pueblo cubano a definir su propio destino y reivindicó el pensamiento crítico frente a las conveniencias políticas del momento.
ANÁLISIS FOTS: El planteamiento de Blanco coloca sobre la mesa la necesidad de mirar la política exterior más allá de la coyuntura y ponderar sus consecuencias históricas y diplomáticas.
Redacción: FOTS DOMINICANA MEDIOS.
Fuente: José Alberto Blanco.
A continuación citamos el artículo completo:
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La razón histórica entre naciones: soberanía y diplomacia en perspectiva
Por José Alberto Blanco
Las relaciones diplomáticas de un Estado son soberanas. Un gobierno, al tomar decisiones en ese sentido, debe considerar los principios que definen su identidad, su historia, su cultura y las relaciones que ha tejido con otros pueblos.
La diplomacia no puede reducirse a impulsos coyunturales ni a simpatías momentáneas; debe sustentarse en la memoria histórica y en el respeto mutuo.
En el escenario internacional, la expulsión de una representación diplomática suele estar precedida por un conflicto entre naciones.
No puedo afirmar qué pensarían José Francisco Peña Gómez y Juan Bosch ante un acontecimiento de esa naturaleza, pero la lectura de sus trayectorias permite intuir que ambos habrían valorado la historia compartida y el respeto entre los pueblos como pilares de la convivencia.
La historia mundial ofrece ejemplos que ayudan a comprender la magnitud de estas decisiones:
• Irán–EE. UU. (1979): La crisis de los rehenes en Teherán marcó una ruptura profunda en las relaciones bilaterales.
• Guatemala–España (1980): El asalto a la embajada española en Ciudad de Guatemala, con 34 muertos, provocó la ruptura de relaciones durante años.
• Reino Unido–Rusia (2018): Tras el envenenamiento del exespía Serguéi Skripal, Londres expulsó a diplomáticos rusos, generando una ola de medidas similares en Europa.
• Ecuador y Costa Rica (2026): Ambos países expulsaron diplomáticos cubanos, alegando injerencia política y deterioro de derechos humanos.
Estos episodios muestran que la diplomacia es también un campo de batalla simbólico, donde los Estados buscan reafirmar su soberanía y proyectar sus valores.
En el caso dominicano, la decisión de expulsar diplomáticos cubanos se interpreta como parte de una estrategia regional de alineamiento con Estados Unidos, lo que contrasta con la tradición histórica de vínculos culturales y políticos con Cuba. Para muchos dominicanos, Cuba y República Dominicana tienen una historia que las une.
Corresponde al digno pueblo cubano definir su destino, amparado en su soberanía y conciencia histórica.
Cuando estos temas se contaminan con razonamientos simplistas y coyunturales, se pierde la perspectiva.
Prefiero cultivar la razón histórica entre naciones antes que limitarme a estar a favor o en contra según la conveniencia del momento.
Nunca renunciaré al pensamiento crítico. Y cuando una opinión afecte mis intereses momentáneos, preferiré callar antes que traicionar la coherencia de mis convicciones.
"La diplomacia es un terreno donde la historia, la soberanía y la ética política deben pesar más que las conveniencias momentáneas."
Autor: Ing. José Alberto Blanco Torres
